Soy madre. Soy maestra.

Por: Nataly Granda, maestra Jardín Pelusa.

Cuando elegí la profesión docente estaba completamente segura de que esto era lo que deseaba, pues creo firmemente que en la fortuna de quienes trabajan con niños, por su espíritu noble, vital, auténtico, su capacidad de asombro sin prejuicios, reflejando la esencia pura e inocente de la humanidad. Deseaba entonces tocar la vida de muchas personas compartiendo conocimientos y valores.  Así mismo, desde muy pequeña, tenía como uno de los sueños para mi vida ser madre, así que cuidaba con esmero a mis muñecas, ocupándome porque estuvieran bien. Este sentido maternal fue cultivándose y a los 25 años sentí que era el momento indicado para hacer realidad el sueño de dar vida. Hoy, lo vivo plenamente y me siento orgullosa, porque acompaño en cada momento a mis hijas y me ocupo de su bienestar.

Al iniciar la carrera universitaria, cada día, con cada tema recibido, se me llenaba el alma de esas ganas de cambiar el mundo para los niños; fui adquiriendo conocimientos para planear proyectos que atendieran necesidades, estrategias para motivar, ambientar enseñando de manera dinámica, pero sobre todo, iba cultivando cada día la vocación por ser maestra. Llegó entonces mi hija Violeta, quien cambió mi vida y la manera de ver el mundo. Me ayudó a ver mi profesión con más amor. Ella, además de ser mi primera hija, también se convirtió en mi primera estudiante y fue una excelente modelo para practicar los conocimientos adquiridos en la literatura, aplicando conceptos de algunas teorías que le permitieran ser una niña que disfruta descubriendo el mundo. Ahora veo lo frutos de ello, porque me enfoqué en acompañarla en cada etapa, desde sus virtudes y habilidades, aplicando solo lo necesario y reconociendo sus intereses.

El ser madre me ha sido de gran ayuda en mi rol como maestra, para lograr un acercamiento cuidadoso, afectuoso, delicado, ver a los niños con más detenimiento, investigar herramientas necesarias para atenderlos, tal como lo he hecho con mis hijas, procurando darles un acompañamiento de calidad. Esta experiencia también me ha ayudado a comprender su dolor, alegrías, emociones, entender a las familias en las diferentes situaciones que se puedan presentar, compartir estrategias que como madre me han sido de gran ayuda. Esto no quiere decir que maestras que no tengan hijos, no puedan sentir o acercarse de igual manera, puesto que para nuestra profesión docente las experiencias, el conocimiento y la vocación son fundamentales.

Ahora bien, en ambos roles – madre y maestra- eventualmente se presentan dificultades, obstáculos y miedos que debo afrontar y tratar de encontrar estrategias que me permitan resolverlas y mantenerme siempre fuerte. La limitación de tiempo es uno de ellos, porque atender las ocupaciones y compromisos como maestra hacen que el tiempo disponible para mis hijas sea mínimo.

Contar con mi red de apoyo ha sido la manera más práctica de encontrar los recursos apropiados para afrontar esta realidad, porque me permite contar con personas cada día o en momentos críticos, dando soluciones oportunas a las diferentes eventualidades. También, me ayuda a tener puntos de vista más objetivos y claros, así como plantear y concretar estrategias cada vez más acertadas.

No puedo ocultar que hay días en los que deseo con todo el corazón estar al lado de mis hijas, consintiéndolas, cuidándolas y jugando; igualmente, existen momentos en los que disfruto tanto de los niños del Jardín y de realizar actividades con ellos, que me enfrento a ese conflicto de querer estar en ambos lados al mismo tiempo. Considero que mantener el equilibrio y ser fuerte emocionalmente me permite avanzar y ser muy objetiva; aprender a regularme emocionalmente me ha ido permitido que mis pensamientos y comportamientos sean los adecuados para cada momento y lugar.

Si bien estos dos roles me llenan de gran pasión y amor, tampoco puedo olvidarme de rescatar diariamente mi posición como mujer, sin dejarme llevar por la cotidianidad, desvalorándome y dejándome en el último lugar. Es importante tomar una pausa cada día que me permita recargar esa energía que me hace sentir fuerte, capaz y feliz; recordar el tiempo en pareja, el tiempo para consentirme a mí misma y disfrutar de esas cosas que tanto me gustan: un helado, un hobby, una canción que me pone a vibrar el alma.

Me siento realmente afortunada de poder decir “Amo ser madre y ser maestra”, de poder vivir esta maravillosa experiencia cada día desde el equilibro en ambos roles, con la mente abierta y con bases firmes que me orientan y me mantienen en la dirección correcta, fuerte y con sabiduría para lograr mi propósito.

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